Cerámica hispanomusulmana andalusí y mudéjar

Cerámica hispanomusulmana andalusí y mudéjar

Cerámica hispanomusulmana andalusí y mudéjar 2021

Ceuta desde la prehistoria El museo está instalado en un bello edificio neoclásico de 1900, ejemplo de las obras de ingeniería civil realizadas por los militares en Ceuta. La colección se expone en cinco salas, con restos arqueológicos encontrados en Ceuta que datan del Paleolítico y el Neolítico, así como piezas romanas, medievales e islámicas. Hay una colección de ánforas púnicas y romanas, así como de cerámica hispanomusulmana. Son especialmente importantes los sarcófagos de mármol de las Cuatro Estaciones y los restos de la universidad árabe del siglo XIV conocida como Madrasa al-Yadida.

Cerámica hispanomusulmana andalusí y mudéjar 2022

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El estilo de ornamentación de la Aljafería, como el uso de arcos mixtilíneos y muelles, la extensión de los arabescos sobre una gran superficie, y la esquematización y progresiva abstracción de las yeserías de carácter vegetal, influyó fuertemente en el arte almorávide y almohade de la Península Ibérica. El cambio de decoración hacia motivos más geométricos está en la base del arte nazarí.

Tras la reconquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I de Aragón, se convirtió en la residencia de los reyes cristianos del Reino de Aragón. Fue utilizado como residencia real por Pedro IV de Aragón (1319-1387) y, en 1492, se convirtió en el palacio de los Reyes Católicos. En 1593 sufrió otra reestructuración que lo convertiría en fortaleza militar, primero según diseños renacentistas (que hoy pueden verse en sus alrededores, foso y jardines) y después para el acuartelamiento de regimientos militares. Sufrió nuevas reestructuraciones y daños, sobre todo con los Sitios de Zaragoza de la Guerra Peninsular, hasta que finalmente fue restaurado en el siglo XX.

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Nombre del monumento:Palacio de la MadrazaLugar:Granada, EspañaFecha del monumento:Fundada en el año 750 de la Hégira / 1349Período / Dinastía:NazaríPatrón(es):Yusuf I (r. 733-54 / 1333-54).Descripción:Las madrasas eran centros de enseñanza superior que proporcionaban formación ortodoxa a los futuros administradores, juristas y jueces. Constaban de un patio rodeado de las habitaciones de los profesores y alumnos, así como de una sala destinada a la enseñanza y a la oración en grupo.

La madraza granadina, además de su valor artístico intrínseco, se distingue por ser el único ejemplo hispanomusulmán que ha llegado hasta nuestros días. Construida bajo los nazaríes, fue cedida para su uso por el ayuntamiento en 1500 por los Reyes Católicos, que conmemoraron la conquista de Granada en forma de inscripción. Fue parcialmente destruida en el siglo XVIII y sólo se conservó la sala de oración.

La fachada fue construida en estilo churrigueresco. El patio es pequeño y bastante sencillo, al igual que la escalera, donde una lápida conmemora la reconstrucción. En la planta superior destaca la sala del consejo, con su magnífico alfarje mudéjar cubierto de nudos y dos pares de crucetas. Frente al patio se encuentra una sala de 6,84 m cuadrados, la única parte que se conserva del edificio nazarí. La sección se convierte en octogonal gracias a sus elegantes escotaduras. En cada uno de los ocho espacios resultantes hay un arco rematado con labores de nido de abeja y enmarcado por un panel de alfiz con inscripciones nasji. Más arriba, en un friso mucho más amplio, con decoración de nudos, hay 16 ventanas semicirculares. Encima de éstas hay un friso alveolar y una cubierta octogonal de madera con estrellas de nudos, completada por una cúpula alveolar sobre 16 ventanas de arco rebajado. La sencillez de los materiales utilizados (cerámica, yeso y madera) contrasta con la exuberancia decorativa. La experiencia combinada de los decoradores confluye en un despliegue imaginativo que combina armoniosamente los arabescos vegetales, la escritura cúfica y cursiva, y el trabajo en forma de panal.

Cerámica hispanomusulmana andalusí y mudéjar del momento

Como catedrática de Historia del Arte Medieval, directora del Instituto de Valencia de Don Juan y especialista en cerámica española, Balbina Martínez Caviró reúne las características idóneas para afrontar un estudio completo y profundo de la cerámica producida en nuestro país tanto en los territorios ocupados por los musulmanes como en los reconquistados por los cristianos, donde las profundas innovaciones introducidas por los hornos islámicos se conservaron hasta el siglo XVI.

La cerámica hispanomusulmana posee una calidad técnica excepcional y un interés estético e histórico de tal magnitud que ha merecido puestos de honor en sedes tan prestigiosas como el British Museum y el Victoria and Albert Museum de Londres, el Metropolitan de Nueva York, el Museo de Cluny y el Louvre de París, el Ermitage de San Petersburgo o el Museo Nacional de Estocolmo (del que se reproducen valiosas piezas).

El estudio abarca la cerámica andalusí, desde la omeya hasta la nazarí, y la mudéjar, cuyos hornos destacaron en Valencia (Paterna y Manises), Aragón (Teruel y Muel), Cataluña, Sevilla y Toledo (Talavera de la Reina y Puente del Arzobispo). Cada etapa está ilustrada por un buen número de fotografías de gran calidad realizadas en su mayor parte específicamente para esta publicación. También se presta atención a la cerámica arquitectónica (azulejos y baldosas).