El peine del viento chillida

El peine del viento chillida

Peine del viento

BILBAO.- En 1977 se instalaron en la bahía de La Concha de San Sebastián tres esculturas de acero de Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002). El trío de esculturas forma el Peine del Viento, una de las obras más significativas del escultor vasco. Fotografías, planos, obras sobre papel y esculturas muestran cómo se desarrolló el proyecto desde la idea inicial del escultor hasta la instalación definitiva de la obra terminada. Integrando las convicciones artísticas de Chillida y la contribución de obreros industriales, arquitectos e ingenieros, el proyecto, iniciado en 1952, culminó en esta emblemática escultura pública, una de las más bellas y conocidas de la región.

Las primeras esculturas de Chillida se concentraban en la forma humana (principalmente torsos y bustos); sus obras posteriores tendían a ser más masivas y abstractas, produciendo muchas obras públicas monumentales. El propio Chillida tendía a rechazar la etiqueta de “abstracto”, prefiriendo llamarse a sí mismo “escultor realista”.

En sus mejores momentos, sus obras, aunque masivas y monumentales, sugieren movimiento y tensión. Por ejemplo, la mayor de sus obras en Estados Unidos, “De Musica”, es una escultura de acero de 81 toneladas que presenta dos pilares con brazos que se extienden pero no se tocan. Gran parte de la obra de Chillida está inspirada en su educación vasca, y muchos de los títulos de sus esculturas están en euskera. Una gran parte de su obra puede verse en la ciudad vasca de San Sebastián (Donostia), incluyendo El peine del viento, instalado en el mar (a menudo tormentoso) de la bahía de La Concha en San Sebastián.

Chillida san sebastián

Desde pequeño, el Peine del Viento, entonces llamado “Paseo del Tenis”, era el lugar favorito de mi padre. Era una persona que disfrutaba de la tranquilidad. Estaba al final de la ciudad y no había nadie; se quedaba solo en las rocas. En lugar de ir a la escuela, iba a las rocas y miraba el mar, miraba las olas. Siempre decía que quería ser marinero. Le encantaba el mar, el horizonte, las historias de marineros… eran cosas que le atraían.

Cuando empezó a trabajar como escultor en 1952, mi padre hizo su primer Peine del Viento pensando ya en ese lugar, pensando que en algún momento la ciudad tenía que recuperarlo. Era un lugar perdido en la ciudad. Empezó a pensar en ideas para ese lugar pero, por supuesto, en esa etapa inicial de su carrera, no podía dirigirse a nadie y decir que quería hacer algo allí. Pero en su mente, empezó a hacer una serie de estudios y proyectos allí.

Durante las dos décadas siguientes, siguió haciendo versiones de ese proyecto, unas ocho durante los años 50 y una más durante los 60. Todas debían estar situadas en una roca central, la primera que se ve al llegar. El factor decisivo para hacer realidad el Peine del Viento fue la implicación de un grupo de personas de San Sebastián, como los propietarios de la librería Ramos, la más importante, o el teniente de alcalde del Ayuntamiento. Fuera de San Sebastián, la obra de mi padre ya era reconocida, pero este grupo de personas sabía que en su propia ciudad, su obra aún no era conocida. Para ayudarle a conseguir el reconocimiento local, le propusieron a mi padre hacer una exposición en San Sebastián. Él respondió que agradecía mucho su intención, pero que “una exposición es efímera. Es algo que va y viene”, y que lo que realmente quería hacer era algo que se quedara para siempre en la ciudad. Les pareció una gran idea y mi padre, por supuesto, tenía un lugar en mente, un lugar que tenía que formar parte de la ciudad, un lugar en el que llevaba años pensando.

Esculturas de Peine del viento

El Peine del Viento es una colección de tres esculturas de acero de más de nueve toneladas cada una. Estas piezas se han colocado en el lugar donde acaba la ciudad y empieza el mar, donde las olas abrazan los escarpados del Monte Igeldo. Eduardo Chillida ancló las tres esculturas a las rocas para que el viento entrante las “peine” continuamente en la bahía de La Concha.

Este es un lugar en el que el viento y el mar laten juntos, azotando las rocas con una sensación de abandono. La naturaleza y el arte se funden y parecen uno solo, y la colocación de las piezas escultóricas hace que parezcan emerger de las propias rocas, casi como si formaran parte de ellas.

Cuando el mar está en su momento más tempestuoso, El Peine del Viento se convierte en una representación única con las olas bailando entre las púas de la escultura, desafiando la fuerza del acero al sonido del viento silbante y creando un espectáculo sin igual. Además de deleitarse observando cómo las tres esculturas aguantan el continuo martilleo de las olas, podrá jugar con el viento y el mar, viendo cómo las olas suben y bajan y vuelven a subir traviesamente como un géiser por los agujeros de la plaza. Pero ten cuidado: no te distraigas, o acabarás convirtiéndote en su objetivo. En los días más tormentosos, la policía puede acordonar la zona por motivos de seguridad. Tenga en cuenta las señales.

Peine de los vientos

El Peine del Viento -un conjunto de tres esculturas diseñadas por Eduardo Chillida e instaladas en el extremo occidental de la Playa de Ondarreta- se ha convertido en un gran símbolo de San Sebastián. La pieza se utiliza habitualmente para promocionar el turismo en la zona, como si fuera un logotipo de acero anclado en la roca. Es una experiencia conmovedora observar cómo el mar juega con las formas creadas por el artista vasco. Las esculturas están tranquilas cuando el mar está en calma, pero cuando las olas se levantan las formas metálicas cobran vida en una especie de coreografía en la que la naturaleza se une al arte.

Los días en que las olas chocan violentamente contra las rocas, es como si el viento fuera “peinado” por las formas metálicas. De ahí el nombre que Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) dio a este conjunto de esculturas. La obra se completa con varios agujeros en el suelo que permiten que las olas pasen por debajo de la pasarela antes de salir disparadas hacia el cielo en rugientes chorros. Tenga cuidado de no acercarse demasiado a la escultura en días de mucho viento: no es raro ver chorros de agua de más de siete metros de altura. En días así, la escena es espectacular y es de esperar que el lugar esté muy concurrido.