Movimientos literarios de vanguardia

Movimientos literarios de vanguardia

La apuesta de la vanguardia

Pintores de renombre como Gustave Courbet, Édouard Manet y Camille Pissarro, desechados por la crítica y el público por no ser conservadores a su gusto, organizaron sus propias exposiciones por toda la capital francesa, presentando cuadros ya legendarios como Déjeuner sur l’herbe y Sinfonía en blanco, nº 1.

Atrayendo a miles de visitantes, estos artistas anunciaron un cierto tipo de rebelión que llegaría a influir en todo un siglo y medio de movimientos artísticos y artistas afines, a pesar de las continuas burlas que recibieron de la élite artística.

Definir la vanguardia es una tarea un poco difícil. La palabra del diccionario procede del francés y se traduce como “vanguardia” o “guardia de proa”. Era un término militar para describir una pequeña tropa de soldados altamente cualificados que se adelantaba al resto del ejército para explorar el terreno y advertir de posibles peligros. Teniendo esto en cuenta, los artistas de vanguardia pueden describirse como un grupo de personas que desarrollan ideas frescas y a menudo muy sorprendentes en el arte visual, la literatura y la cultura en general. De hecho, el escritor político francés Henri de Saint-Simon introdujo por primera vez el término al declarar que los artistas debían servir de vanguardia en el estilo general del progreso social y las reformas radicales, incluso antes que los científicos, los industriales y otras clases. Sin embargo, como no estaba claro qué significa exactamente “adelantarse a los tiempos” ni quién establece qué obra de arte debe ser tildada de revolucionaria, se adoptó el término avant garde como adjetivo atribuido a quienes exploraban nuevas técnicas y temas artísticos, a los individuos que introducían algo casi nunca visto o hecho por nadie. Debido a su naturaleza radical y al hecho de ir en contra de las formas, ideas y procesos existentes ampliamente aceptados, la vanguardia era a menudo, si no siempre, chocante y controvertida.

Vanguardia en los escritores de literatura

La vanguardia (/ˌævɒ̃ˈɡɑːrd/;[2] En francés:  [avɑ̃ɡaʁd][3] ‘avanzadilla’ o ‘vanguardia’, literalmente ‘guardia de proa’)[4] es una persona u obra experimental, radical o poco ortodoxa con respecto al arte, la cultura o la sociedad.[4][5][6] Se caracteriza frecuentemente por la innovación estética y la inaceptabilidad inicial.[7]

La vanguardia supera los límites de lo que se acepta como norma o statu quo, principalmente en el ámbito cultural. Algunos consideran que la vanguardia es un sello distintivo del modernismo[8]. Muchos artistas se han alineado con el movimiento de vanguardia, y aún continúan haciéndolo, trazando su historia desde el dadaísmo, pasando por los situacionistas y hasta los artistas posmodernos como los poetas del lenguaje en torno a 1981[9].

La vanguardia también promueve reformas sociales radicales. Este significado fue evocado por el saint-simoniano Olinde Rodrigues en su ensayo “L’artiste, le savant et l’industriel” (“El artista, el científico y el industrial”, 1825). Este ensayo contiene el primer uso de la palabra “vanguardia” en su sentido habitual; en él, Rodrigues pedía a los artistas que “sirvieran de vanguardia [del pueblo]”, insistiendo en que “el poder de las artes es, en efecto, el camino más inmediato y más rápido” para la reforma social, política y económica[10].

Características de la literatura de vanguardia

Este nombre genérico se suele dar a un conjunto de tendencias estéticas, artísticas, literarias y filosóficas que, como su nombre indica, encabezaron una revolución total que llevaría las artes y las humanidades a la era contemporánea. La década comprendida entre 1910 y 1940 vio surgir numerosos “ismos” como el surrealismo, el ultrismo, el fauvismo y el cubismo, el expresionismo y el estridentismo…, que no sólo inundaron la literatura y las artes plásticas de la época, sino también otras artes de reciente creación como la fotografía y el cine. El escenario histórico también fue una influencia esencial: dos guerras mundiales y el ascenso de los totalitarismos rompieron con los postulados artísticos predominantes existentes en Occidente hasta entonces. En España, sus principales protagonistas protagonizaron la salida de la sombra del Modernismo y el Novecentismo, y dieron lugar a la explosión creativa que representó la Generación del 27.

Ejemplos de literatura de vanguardia

Las fechas del Modernismo son discutibles, pero se puede afirmar con razón que el Modernismo naciente brotó con las Vanguardias (una metáfora militar que significa “guardia de avanzada”), que se refieren a un pequeño grupo de artistas y autores conscientes de sí mismos que deliberadamente se comprometieron, en la frase de Ezra Pound, a “hacerlo nuevo”.

Al violar las convenciones y las propiedades aceptadas, no sólo del arte sino del discurso social, se propusieron crear formas y estilos artísticos siempre nuevos e introducir temas hasta entonces descuidados y a veces prohibidos. Estos artistas se representaban a sí mismos como ajenos al orden establecido, contra el que afirmaban su propia autonomía; un objetivo destacado era escandalizar la sensibilidad del lector convencional y desafiar las normas y piedades de la cultura burguesa dominante.

Buscando una ruptura total con la tradición, estos artistas rechazaban todas las convenciones estéticas absolutas, los criterios y las consideraciones de gusto, y se caracterizaban por el juego intelectual, la iconoclasia, el culto a la falta de seriedad y la mistificación, todos ellos rasgos de los escritores modernistas. La adopción de este término político-militar es una expresión del extremismo consciente de los escritores, un extremismo destinado a acelerar la ruptura de las tradiciones estéticas y sociales para empujar el arte y la sociedad más y más rápido hacia el futuro.